miércoles, 9 de abril de 2008

"Particularmente prefiero el bidet, pero para soplarse la nariz el papel higiénico mata"


- Luca, ¿cómo es la nueva gira que están por hacer con Sumo?

- Parece que vamos a ir a Brasil con Charly García, eso lo leí en Clarín... (risas) Por ahí vamos a ir Cordoba, por ahí Chile. A mí no me importa mucho, yo no soy un tipo que va a la grabadora. Ahora tengo 50 centavos, pero no es por falta de laburo, es por falta de voluntad mía. Yo podría tener 60.000 ahora, pero no cobré lo de SADAIC. Pero hoy voy a cobrar 9.000 australes, entonces soy un hombre feliz.


- Ahora que les llegó la fama, ¿qué hacés para que a los Sumo no se les suba el éxito a la cabeza?

- Y, yo les doy el ejemplo. Yo soy un tipo sencillo, vos ves ahora cómo vivo, me gusta vivir así, me gusta tratar bien a la gente. Y no tolero trabajar con gente mala, pesada, o viva. Si hay un plomo que se hace el vivo o que afana, que no trabaja bien y no es respetuoso a la gente, yo lo voy a retar. Eso yo hago, más que nada poner el ejemplo. Yo a veces quedé durmiendo en el piso del micro, volviendo de Viedma, ponele, porque los otros asientos están ocupados. Yo podría hacerme el déspota y echar a uno de los ayudantes de las luces, decir "yo soy el cantante Luca Prodan, salí del asiento que yo lo quiero". Al final no me importa, porque la pasé mejor en el piso.


- ¿Qué opinás de la historia del rock nacional?

- Cuando yo vine acá, no hablaba castellano... y al principio, la verdad que me parecía ridículo el rock en castellano. Y después, como fui entendiendo castellano... Mirá, la mayoría es copiado de otras cosas y eso a mi no me gusta. Pero... Manal, por ejemplo, a mí me gusta, hacen un blues bastante crudo pero tienen letras bien de Buenos Aíres, es bien de acá. Spinetta me parece rebuscado, todos dicen "las letras matan" pero nadie entiende lo que está diciendo... Y ahora no me gusta, todos esos arreglos con ochenta cambios de acordes, que al final no dicen nada. Por ahí me gusta más su primera época. Me gustó su disco de viejos temas, Kamikaze, había cosas más sencillas. Y de lo de ahora, Soda Stéreo, me parece que ellos la hicieron bien (se ríe)... pero yo ahorro el maquillaje y el peinadito raro y todo eso, eso es rebuscado también. Virus no me gusta para nada, me parecen totalmente fríos. Cualquiera puede comprar un teclado, un secuenciador y una batería electrónica, y puede hacer música. Pero si yo le doy una guitarra criolla a Federico Moura y le digo "pelá algo que me mueva el corazón", no pasa nada, ¿entendés? Lo mismo puedo decir de Gustavo Cerati o de Miguel Mateos. Ellos quieren ser famosos, tener minas, guita, yo no quiero nada de eso. Yo siempre tuve mujeres, siempre tuve mi guita -de otras maneras-, pero si me das una criolla, yo te pelo algo, ¿entendés? Es la diferencia entre ser un músico que tiene la música en el corazón, como Mercedes Sosa o Atua... ¿cómo se llama? Atahualpa Yupanqui, o ese que es medio grasa, pero también tiene la música en el corazón, Jaime Torres. A mí dame esos tres y no los tres rockeros que yo te conté antes. La música es sentirlo, no "querer ser músico": serlo.

"Soy medio vidente. Todos los temas de Sumo, todos, desde el primer cassette al último, todos son predicciones," explicaba pocos días antes de morir. "No lo hice a propósito. Yo hago los temas en el acto, por ahí hay algún estribillo que ya está. Las letras están hechas en el estudio, yo las hago mientras que estoy grabando, me las invento. Y nunca sé de qué carajo estoy hablando. Después al año, a los dos años, escucho y pasó exactamente lo que yo había cantado.

Rata de ciudad como era, un día decidió viajar a Buenos Aires. En Hurlingham, una noche surgió entre varios amigos la idea de formar una banda. Cantaría Luca; Germán Daffunchio, hermano de Inés, tocaría la guitarra, y Alejandro Sokol el bajo. En lugar de vacas, con los 20.000 dólares que tenía, Luca compró todos los equipos. Solamente les faltaba el baterista, y Luca recordó a una amiga de Manchester, Stephanie Nuttal. Le mandó una carta que decía: "Si estás aburrida, vení." Cuando Stephanie llegó, le compraron una batería y empezaron a tocar. El primer show tuvo lugar en Caroline, un bar de El Palomar. Cuando llegó el momento de elegir el nombre del grupo, pusieron varios papeles en un sombrero y una de las hijitas de Timmy sacó uno: Sumo.

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